Luis Aragonés

Luis Aragonés fue un destacado futbolista y luego entrenador, en su patria, España.

Como jugador se haría notable en las filas del Club Atlético de Madrid, donde en la posición de media punta haría unos 160 goles.

En tanto, como director técnico también se haría notar y dirigiría a varios de los principales clubes de su país como ser: Barcelona, el Atlético, Sevilla, Valencia, Real Betis y Mallorca, entre otros.

José Luis Aragonés Suárez Martínez, tal era su nombre completo, nació en el ex municipio de Hortaleza, en Madrid, el 28 de julio del año 1938.

Desde temprana edad, Luis, demostró su inclinación y talento por el fútbol y en ese momento empezaría una larga carrera que lo llevaría a desempeñarse por varios equipos como ser: Club Getafe y Real Madrid, antes de recalar en el Atlético de Madrid que es el club que más fama como jugador le reportaría.

En diciembre del año 1960 debuta en primera división jugando para el Real Oviedo.

Cuatro años más tarde debuta en el Atlético Madrid donde pronto se convertiría en el armador de juego del equipo y sería el factótum también de muchos títulos.

En 1974 se retira de la actividad de jugador y como suele acontecer con muchos jugadores, Luis, decidió volcarse a la actividad de entrenador.

Y claro, su casa, el Atlético, le daría la primera oportunidad como tal.

Uno de los tantos logros fue ganar a un año de su debut la Copa Intercontinental.

También dirigió técnicamente a los siguientes equipos españoles: Real Betis, Barcelona, RCD Español, Sevilla, Valencia, Real Oviedo, Mallorca y Fenerbahçe Spor Kulübü de Turquía.

En 2013 decide retirarse de la actividad como entrenador.

También, Luis, se desempeñaría como jugador primero y luego como entrenador de la selección nacional de España.

Como jugador debutó en el año 1964 y como entrenador, cuarenta años después, en el año 2004.

Tras clasificar a la selección a la Eurocopa de 2008 renuncia a la selección.

El 1 de febrero del año 2014 y tras sufrir una larga y dura enfermedad como la leucemia, que no hizo pública, falleció a los 75 años de edad en Madrid.

Fútbol épico

El Chelsea contiene al Liverpool tras un duelo emotivo e inolvidable que pudo decantarse para cualquierao

Stamford Bridge contempló anoche un partido épico . Lleno de goles, alternativas y sorpresas. El viejo estadio de los blues también escuchó el You’ll never walk alone de la hinchada del Liverpool, a pesar de que el Chelsea había alcanzado las semifinales de la Liga de Campeones por segundo año consecutivo. La afición de los reds se sintió razonablemente satisfecha pese a la derrota. La hazaña la tuvo al alcance, tanto en su magnífica primera parte como en una parte final del encuentro afortunada, aunque mucho más discreta. El Liverpool se fundió tras el descanso. Superado por el espíritu indomable de Drogba, que levantó a un Chelsea moribundo. La potencia y la voracidad del delantero africano dejaron en evidencia a la defensa del Liverpool, especialmente a Carragher, lastrado por el paso de los años. Tampoco ayudó el desacierto en el primer gol de Reina, que compensaba los fallos anteriores de Cech, dos porteros muy fiables en una mala noche. Finalmente la clase de Lampard certificó el pase a la siguiente ronda del grupo de Hiddink, que supieron rebelarse contra su infame primera parte.

Chelsea 4 – Liverpool 4

Chelsea : Cech; Ivanovic, Carvalho, Alex, Ashley Cole; Ballack, Essien, Lampard, Kalou (Anelka, m.35); Drogba (Franco di Santo, m.90) y Malouda.

Liverpool : Reina, Arbeloa (Babel, m.82), Carragher, Skrtel, Fabio Aurelio, Kuyt, Lucas, Xabi Alonso, Mascherano (Riera, m.70), Benayoun y Torres (Ngog, m.80).

Goles : 0-1, Fabio Aurelio, m.19. 0-2, Xabi Alonso, m.28. 1-2, Didier Drogba, m.51. 2-2, Alex, m.57. 3-2, Lampard, m.76. 3-3, Lucas, m.81. 3-4, Kuyt, m.83, 4-4, Lampard, m.89.

Árbitro : Luis Medina Cantalejo (España). Sacó tarjetas amarillas a Ivanovic y Ashley Cole, del Chelsea; y a Benayoun, del Liverpool.

Incidencias: Partido correspondiente a la vuelta de los cuartos de final de la Liga de Campeones, disputado en el estadio londinense de Stamford Bridge, ante unos 38.000 espectadores. Los jugadores de ambos equipos llevaron brazaletes negros en señal de respeto por el vigésimo aniversario, que se cumplirá mañana, miércoles, de la tragedia de Hillsborough, donde perdieron la vida decenas de aficionados del Liverpool en un partido de Copa.

Fabio Aurelio le puso pimienta a la eliminatoria con una obra maestra. El lateral zurdo se fue a lanzar una falta a pie cambiado al carril del 8, a unos 25 metros de la portería. Un tumulto de jugadores rojos y azules se peleaba en la línea del área grande esperando la llegada del centro. También el portero, Peter Cech, seguía la disputa con la mirada. Todos pendientes del posible fuera de juego cuando el brasileño golpeó el balón. El golpeo fue prodigioso. Tan enroscado y ajustado al palo izquierdo de Cech que el meta checo llegó tarde. Tarde y humillado por un gol de ciencia ficción.

El Chelsea se cavó su propia tumba en el primer tiempo. Defendió muy dentro de su área. Sin autoridad en ninguna parte del campo. Al contrario de lo que había anunciado Hiddink, los bluestrataron de especular con la amplia ventaja del partido de ida. Sin más ideología que ésta: el equipo atrás y balonazos a Drogba. Pese a necesitar tres goles, el Liverpool jugó con frialdad. Sin ninguna prisa. Ganando terreno poco a poco. En otra falta parecida a la del gol de Fabio Aurelio, esta vez el brasileño centró e Ivanovic agarró por el cuello a Alonso. El penalti lo transformó el propio mediocentro español, que dirigió ese primer periodo a su antojo. Benítez contradijo lo que había sugerido su alineación. Los tres mediocentros ?Mascherano, Alonso y Lucas Leiva? no supusieron ningún atasco en el centro del campo, sino todo lo contrario. A pesar de que Leiva, de media punta, apenas entró en juego. Alonso y Mascherano se encargaron de que Benayoun y Torres fueran una amenaza constante para Cech, muy desamparado y nervioso sin la presencia del capitán Terry.

Tras el penalti a favor de los reds, Medina Catalejo, recibido con suspicacias por los jugadores del Chelsea por compartir nacionalidad con cuatro del Liverpool, empezó un concierto de pito. Y cualquier mínimo contacto lo convirtió en falta. Lo que desesperó al conjunto de Benítez, que se sintió perjudicado por tanta interrupción.

Hiddink no esperó al descanso para tratar de darle un vuelco al encuentro. Dio entrada a Anelka en el minuto 35 por un desaparecido Kalou. Las ocasiones, en cualquier caso, siguieron cayendo del lado de los reds. Y su capitán, Steve Gerrard, despidió a sus compañeros desde el banquillo con aplausos.

El Liverpool continuó atacando, pero se encontró con un contratiempo inesperado. Un centro desde la derecha, pegado al córner, de Anelka, lo tocó ligeramente Drogba y despistó a Reina, que introdujo el balón en su portería. Una jugada aparentemente intrascendente aflojó a los de Benítez. Y el Chelsea aprovechó la inercia para conseguir una serie de faltas al borde del área. De una de ellas, el central brasileño Alex sacó un latigazo con un efecto contrario, de dentro hacia fuera, que retrató a Reina. El Liverpool había perdido toda la intensidad de la primera parte. Extravió de repente toda la energía el equipo de Benítez, que tardó en reaccionar. Entró Riera y el Chelsea aumentó la diferencia con otra gran jugada de Drogba que remató Lampard. Benítez pensó que la eliminatoria estaba perdida y retiró a Torres. ¿Todo decidido? Así parecía hasta que Leiva encontró un rebote de Essien que se convirtió en gol. A continuación, un centro de Riera lo cabeceó Kuyt y el Liverpool tenía 10 minutos y sólo necesitaba un gol. Otra vez en ascuas Stamford Bridge. Hasta que apareció por enésima vez Drogba. Sirvió a Anelka y el centro del francés lo colocó junto al palo Lampard. Noche épica en Stamford Bridge. Noche de gloria para los blues.

Tarea de demolición hecha con clase:El Milan de Fabio Capello dio una lección de fútbol moderno en Atenas

Atenas 19 MAY 1994

El Milan sacó ricos dividendos de su propaganda victimista. Se declaró inferior y conservador. Fue superior, jugó al ataque y goleó. El Barcelona se presentó como el abanderado de un fútbol de lujo frente a la prosa italiana y fue técnicamente eclipsado por sus rivales. Tenía que haber sido la santificación de Cruyff, pero Capello le ganó la partida. Tenía que haber sido la final de Romario y Stoichkov y fue la final de Savicevic, Desailly y el goleador Massaro. Todos predecían una victoria para el conjunto que había desarbolado al Oporto, pero en Atenas apareció el equipo de Zaragoza. La demolición fue total.En Atenas se confirmaron todos los temores de los seguidores del Barcelona y practicamente ninguno de los tifosi del Milan. Las ausencias de Bares¡ y Costacurta ni siquiera se notaron. Galli, Maldini, Tassotti y Panucci fueron agresivos, rápidos, concentrados y expeditivos. El mejor ataque del mundo no se vio.

Albertini, Donadoni, Desailly y Boban fueron netamente superiores a Guardiola, Amor, Bakero y al carrilero Sergi en el centro del campo. Su dominio fue tan ,aplastante que las armas más afiladas del Barcelona, Stoichkov y Romario, apenas pudieron ser desenfundadas.

Desailly se erigió en pantalla gigante por delante del supuestamente débil centro de la defensa milanesa. Demostró mil maneras de lidiar a los azulgrana y hacer que stis embestidas pareciesen vulgares. Se anticipó a todo el mundo. Blocó pases con el pie, la cabeza o el cuerpo. Dominó por alto. Salió jugando, subió para apoyar cada ataque blanco y redondeó la faena pisando el área del Barcelona y marcando un gran gol. Eclipsó no sólo a Bakero, sino a todo el centro del campo azulgrana. Fue elemento decisivo.

El Milan impuso su ritmo en todo momento, frenando y acelerando, mezclando pase corto y balón largo. Varió sus zonas de presión para concentrarse en la parcela central de la salida azulgrana. Koeman y Guardiola jugaron el balón con prisas e imprecisión. Entregaron pocos balones con criterio. De esta forma, el Milan condenó al Barcelona a iniciar sus jugadas a través de las bandas donde Ferrer y Sergi son capaces de galopadas pero no son grandes distribuidores de juego.

El Barcelona perdió todas sus batallas individuales. Begiristain estuvo especiamente perdido por una banda donde Sergi duplicó la cuota de zurdos. Tassotti y Boban les cerraron la banda y les obligaron a suministrar más leña al fuego en el centro del campo.

Los cambios no produjeron ningún efecto positivo porque sólo afectaron la periferia del juego y no la zona central donde Desailly y compañía destrozaban el fútbol azulgrana.

Sin respuestas

El Milan siempre supo localizar a sus delanteros, dados los marcajes muy generosos en la vanguardia azulgrana. Massaro y Savicevic, encargados de la tarea de aguantar la posesión de la pelota para permitir el movimiento del bloque milanista, pudieron hacerlo- con una impunidad que rozó la insolencia.

Nadie encontró respuestas deportivas para el delantero montenegrino Savicevic.. El balcánico se deshizo de Nadal y cuantos le salían al paso con un descomunal control en corto y un regate seco, obedeciendo las instrucciones de Berlusconi de que demostrara su condición de gran figura. Para pararle, sus marcadores -primero Nadal y después Ferrer- recurrieron a patadas que les valieron la tarjeta amarilla.

Lo más importante es que lo que iba a ser el capítulo culminante en la biblia del profeta del gol y la consagración del fútbol de ataque que predica acabó en una humillación que puede traer consecuencias imprevisibles para la fe del colectivo azulgrana.

El día que Maradona aniquiló al Milan

Esta vez, vamos a rememorar uno de los mejores partidos del ’10’ con los partenopeos. 27 de noviembre de 1988 y un San Paolo abarrotado. Era una gran noche. La ciudad napolitana recibía al Milan de Rijkaard, Van Basten, Baresi, etc… dirigido por Sacchi. Cabe destacar la ausencia de Ruud Gullit, uno de los baluartes ofensivos  del conjunto lombardo. Fue un encuentro intenso y aguerrido con una alta presión de ambos equipos. El primer gol no llegó hasta el 42’. Una maravilla del ‘Barrilete Cósmico’. Diego tiró el desmarque y batió a Galli con un cabezazo desde 30 metros. Uno de los mejores goles del 10. Y justo antes del descanso un balón en largo de Giuliani acabó en los pies de Careca, propiciado por un insólito error de Baresi, que finalizó en el segundo.

Nada más comenzar el segundo tiempo arribó el tercero de los napolitanos. Un disparo ajustado de Carnevale fue rechazado por Galli, y llegó Francini para aprovecharlo y poner el tercero en el marcador. El conjunto de Bianchi estaba aprovechando el mal partido defensivo de los milaneses. Aunque en el 65’ Virdis sacó partido de la pena máxima para recortar distancias. El partido estuvo mayoritariamente controlado por los locales. Y en el 78’ llegó la guinda del pastel. Otro balón en largo rompiendo la defensa rossonera y que aprovechó el 9 napolitano, Careca.

Posiblemente, una de las últimas noches mágicas de Maradona y su Nápoles. Uno de los partidos de fútbol históricos que muchos aficionados nunca olvidarán. Aquella liga la conquistó el Inter de Milán (58 pts) mientras que Napoli (47 pts) y Milan (46 pts) quedaron segundos y terceros, respectivamente. Es importante recordar que en aquella época en la Serie A militaban los mejores jugadores del momento: Maradona, Platini, Sócrates, Simeone, Gullit, Van Basten, Matthäus, Rudi Völler y más. La mejor época del fútbol italiano que esperamos poder vivir de nuevo.

El Madrid conquista la octava por KO

El equipo de Del Bosque goleó al Valencia en una final espectacular en Saint Denis

Con una solvencia que pocos esperaban, el Madrid tumbó al Valencia en la final de París y conquistó su octava Copa de Europa. Fue una victoria aplastante, incuestionable desde todos los puntos de vista. El Madrid superó al Valencia por juego, por organización y hasta por vitalidad. Todos y cada uno de sus jugadores tuvieron una actuación impecable. De ahí, la distancia que se abrió entre los dos equipos. El Valencia padeció un calvario, ajeno a un partido que le pesó en exceso. Nunca pudo poner una respuesta al Madrid, que funcionó con una seguridad tremenda, como si la historia estuviera de su parte en la competición que más quiere.Más que razones para dudar del Madrid, estaba la perplejidad que ha provocado un equipo bastante difícil de definir. Por supuesto, no se discutió la categoría de sus jugadores, ni tampoco el notable juego que había ofrecido en los momentos cruciales de la Copa de Europa. Pero al Madrid le había faltado consistencia y trazo, que es precisamente lo que le sobró en la final. Su firmeza comenzó por la defensa, donde Helguera interceptó a Piojo López con una seguridad impresionante. El libre del Madrid leyó perfectamente todos los lanzamientos al supersónico delantero argentino. Desactivado el único recurso del Valencia, el Madrid decidió que su buena estrella pasara por un eficaz ejercicio de elaboración. El juego viró a madridista tras unos minutos vibrantes, en los que se descosió el fútbol. Primero intervino Cañizares a una mano para desviar un cabezazo de Anelka. En la siguienta jugada, el contragolpe del Valencia estuvo a punto de superar a la defensa madridista. Allí giró el encuentro, que se volvió propiedad del Madrid.

Lo más novedoso fue que el Madrid se impuso por medio de algunas cualidades imprevistas, o más corrientes en el Valencia. La cohesión defensiva resultó perfecta. En el capítulo de la eficacia se observaron aspectos individuales -Iván Campo, Helguera y Karanka no flaquearon jamás- y colectivos, a través de una excelente organización. Morientes, por la izquierda, y Anelka, por la derecha, no descuidaron por un instante sus deberes defensivos. Cuando contó, en la final de la Copa de Europa, todos los jugadores interpretaron su papel con una generosidad conmovedora. A la cabeza de todos, McManaman, que jugó el partido de su vida. Tantas veces cuestionado, el jugador inglés actuó con una entereza asombrosa, con la clase de flair que le hizo famoso en el Liverpool. Alrededor de él, Raúl y Redondo, el Madrid dispuso del balón en cantidades industriales. Además no cayó en la banalidad. Había un propósito definido en el tejido del juego. En su horizonte, sólo faltaba el gol, que llegó en una jugada confusa, mal interpretada por Farinós. El balón salió rechazado y Salgado estiró la pierna izquierda para sacar un centro al segundo palo que fue cabeceado con limpieza por Morientes.

El efecto del gol tuvo más consecuencias de las previsibles. El Valencia nunca regresó al partido. Sintió el peso de la derrota demasiado pronto, como si la final le viniera grande. Todo esto a pesar de que le sobraba tiempo para poner en dificultades al Madrid. Pero le atacó la desesperación. El Valencia se quebró y penó de mala manera hasta el final, superado por el Madrid de manera clamorosa. Los goles sólo vinieron a justificar la supremacía de un equipo que actuó con una seguridad aplastante. Y entonces comenzó a hacerse justicia al partido y a la historia. Justicia personal que comenzó con McManaman, autor del segundo gol en una curiosa volea que sorprendió a Cañizares. El inglés había sido una pieza decisiva en la cadena madridista, por su capacidad para moverse y tocar, por su despliegue incansable y por su optimismo.

El tanto de Macca cerró cualquier posibilidad de recuperación del Valencia, que se entregó. Todo el tramo final fue muy duro para un equipo que deseaba terminar rápido con el calvario. Absolutamente descosido, permitió el gol de Raúl. De ahí la justicia histórica. El mejor futbolista del Madrid consiguió marcar en la final de la Copa de Europa, en una jugada que habló por igual de su excepcional categoría como jugador y de la desesperación del Valencia, que acudió con todo a un saque de córner y descuidó el cierre defensivo. Raúl tomó la pelota en su campo y lo recorrió hasta enfrentarse con Cañizares. Momento supremo del fútbol porque Raúl fue protagonista absoluto en esos ocho segundos: en su larga carrera hacia la portería, en las decisiones que fue tomando, en el regate perfecto que ejecutó, en su delicado pase a la red.

La jugada fue recibida con el delirio de la hinchada madridista, que disfrutó de la oportunidad de tributar un largo homenaje. Homenaje que tampoco descuidó Del Bosque, siempre atento a la historia. A última hora, sacó a Sanchis y Hierro, dos jugadores que ingresarán en el panteón de los mejores en la historia del Madrid, dos jugadores que representan el hilo conductor de un equipo que volvió a triunfar en su competición más deseada: la Copa de Europa.

Ajax 1971–73

Bajo el mando de Rinus Michels y con Johan Cruyff como máximo exponente en el terreno de juego, el equipo holandés dominó Europa a principio de la década de los 70.

Rinus Michels reescribió el libro de las tácticas en el fútbol con el AFC Ajax para sentar las bases de un equipo que llegó a ser campeón de Europa en tres ocasiones seguidas en la década de los 70. Ahora, UEFA.com se centra en un equipo que cambió el fútbol.

La edad dorada
Nombrado técnico en 1965, el entrenador Rinus Michels transformó a un Ajax acostumbrado a luchar por la permanencia en Holanda a convertirse en uno de los mejores clubes de Europa. Su sistema de ‘Fútbol Total’ está asociado a jugadores de la talla de Johan Neeskens, Piet Keizer, Sjaak Swart, Wim Suurbier, Barry Hulshoff, Gerrie Mühren, Johnny Rep, Ruud Krol, Velibor Vasović y por supuesto, al jugador favorito del fútbol holandés Johan Cruyff.

Tras perder en 1969 la final de la Copa de Europa, el Ajax se quedó aturdido cuando en 1970 el Feyenoord se convirtió en el primer club holandés en ganar el mayor trofeo continental del fútbol europeo. Sin embargo, pronto emuló su rival, al batir al Panathinaikos FC por 2-0 en Berlín en 1971, lo que llevó a Michels a decir «he hecho lo que he podido. Es imposible hacerlo mejor» antes de marcharse al FC Barcelona.

Su sucesor, Stefán Kovács, posiblemente demostró que estaba equivocado. Dos goles de Cruyff ayudaron al Ajax a vencer por 2-0 al FC Internazionale Milano en la final de 1972 en Róterdam, y por tercera vez y de manera consecutiva, el conjunto holandés logró el galardón al vencer por 1-0 a la Juventus en 1973 en Belgrado.

Entrega el bastón
Ese éxito final podría decirse que sigue siendo el pináculo del logro del Ajax, que consiguió dejar en la cuneta en cuartos de final al FC Bayern München y en semifinales al Real Madrid antes de que un tempranero gol de cabeza de Johnny Rep ayudara a los holandeses a superar a la Juventus en el FK Crvena Zvezda Stadium.

La gloria demostró ser efímera. Cruyff salió al exterior y reunió con Michels en el Barcelona, y de nuevo, esta pareja, volvió a brillar cuando Holanda alcanzó la final de la Copa Mundial de la FIFA en 1974. El Ajax tardó 22 años para volver a convertirse en campeón de Europa por cuarta vez, cuando el conjunto de Louis van Gaal logró el triunfo en la UEFA Champions League 1995.

Una filosofía diferente
‘El ‘Fútbol Total’ giró en torno al sistema 4-3-3, con atacantes jugando por los extremos. Las acciones ofensivas comenzaron desde el portero, con la pelota moviéndose con mucha rapidez, con los centrocampistas y los defensas siendo ofensivos, y así, los futbolistas del Ajax eran jugadores muy complicados de marcar. Una fuerte presión suponía que el Ajax apenas perdiera la posesión del balón.

«Jugamos un tipo de fútbol que no era normal en aquel momento en Europa», recordó Cruyff. «Jugamos con nuestro propio estilo, algo que no se veía en otros países y que llamó la atención en Europa», añadió.

Rinus Michels©Getty Images

El técnico que lo hizo posible
Un duro delantero trabajador cuya carrera fue corta por una lesión en la espalda, ‘El General’ se convirtió sin duda en un gran referente del club en su etapa entrenador. «Era un arte en hacer una alineación inicial, encontrar el equilibrio entre los actores creativos y los destructivos, sin olvidar la calidad de los rivales y las presiones específicas para cada partido», indicó Michels.

Sus opciones de jugadores en el Ajax fueron perfectas y resultó casi tan eficaz como en el Barcelona, donde logró el título de liga español 1973/74 antes de afrontar el desafío de Holanda. Si llegar a la final de la Copa Mundial de la FIFA 1974 resultó un gran logro, ganar el Campeonato de Europa de la UEFA en 1988 en su tercera etapa como seleccionador Oranjefue aún mayor.

Estoy especialmente muy feliz de haber sido capaz de ayudar a Holanda a que haya tenido el fútbol más famoso del mundo», dijo Michels.

Las grandes estrellas
Johan Cruyff
: Delantero bendecido con una increíble habilidad técnica, así como un gran liderazgo, Cruyff es la imagen del ‘Fútbol Total’. «Por supuesto, tenía mis propias cualidades especiales, pero un equipo está formado por jugadores de diferentes cualidades. Ningún jugador puede ganar por sí solo. Entonces, cuando cada jugador está dispuesto a darlo todo y usa su cualidad especial, se obtiene lo máximo de todo y los resultados», comentó Cruyff.

Johan Neeskens: ‘Johan el segundo’, el centrocampista duro y de acero, fue un incansable corredor en el campo que tenía una buena técnica y que marcaba goles, y que ayudó a su club a brillar en la época de Cruyff. Uno de los denominados centrocampistas box-to-box, fue un jugador muy bueno presionando a los rivales para recuperar la posesión. «Era como si tuviéramos dos jugadores en vez de uno en el centro del campo», dijo su compañero Sjaak Swart.

Piet Keizer: Un genio en la banda izquierda, el hábil extremo fue otro magnífico jugador al lado de Cruyff. Su carrera se desarrolló por completo en el Ajax desde la temporada 1961-74, marcando 164 goles en 365 partidos de liga. «Si no estaba jugando, me iba a ver al Ajax y a Keizer», recalcó el por entonces centrocampista del Feyenoord Wim van Hanegem.

Qué dicen ellos…
Sjaak Swart, delantero del Ajax: «Al principio, Michel dijo: ‘Vamos hacer un Ajax más profesional. Si alguien no está conmigo en el hecho de querer más disciplina y entrenamiento, es ahora el momento en el que debe de decirlo y dejarnos’. Sus sesiones de entrenamiento siempre estuvieron bien preparadas. Y situó a los jugadores en las posiciones correctas. Parece simple, pero no lo es. Si hubiera sido entrenador, habría hecho lo mismo que él. Nunca tuve un entrenador mejor que Rinus Michels».

Ruud Krol, defensa del Ajax: «Michels nos hizo correr menos y que jugáramos en varias posiciones. Era un revolucionario. Fue la primera vez que se jugó a un fútbol totalmente diferente. El ‘Fútbol total’ se extendió por todo el mundo. En 40 años fue realmente el único cambio que hubo. Aturdió al mundo del fútbol».


El Milan de Sacchi 1988 al 90

«Defendíamos atacando y presionando» recordó Carlo Ancelotti del juego del Milan de Arrigo Sacchi, que dominó el continente europeo a finales de la década de los 80 con un juego espectacular.

La edad dorada
El Milan, que llevaba sin conquistar un título dese que ganó su décimo Scudetto en 1979, estaba de capa caída hasta que Silvio Berlusconi llegó como presidente en 1986. El relativamente desconocido Arrigo Sacchi se unió al club como entrenador en el verano de 1987, un momento en el que también llegaron al Milan los holandeses Marco van Basten y Ruud Gullit. El equipo de Sacchi ganó el campeonato italiano en su primera temporada, después la Copa de Europa y posteriormente las correspondientes Supercopa de la UEFA y Copa Intercontinental en las dos siguientes campañas.

Aunque Fabio Capello y más tarde Carlo Ancelotti mantendrían esa posición del Milan como dominador del fútbol europeo, el equipo de Sacchi fue el que marcó una época más memorable. «Nuestro presidente tenía un sueño. Quería construir el mejor equipo del mundo. Cuando yo llegué, encontré un grupo de grandes profesionales que estaban deseosos de ganar títulos, pero solo jugando el fútbol más espectacular», recordó Sacchi.

La edad dorada
Vencer al Real Madrid CF en las semifinales de la Copa de Europa de 1988/89 fue el momento determinante para un Milan que había fichado el verano anterior a su tercera estrella holandesa, Frank Rijkaard. El Madrid era considerado un equipo imbatible en casa, y se esperaba que el Milan se echara atrás y aceptase el castigo en el partido de ida del Santiago Bernabéu. Sin embargo, Sacchi tenía otros planes.

Su equipo llevó la iniciativa y a pesar de su dominio solo consiguió un empate 1-1. No importó demasiado, ya que el Milan venció por 5-0 en la vuelta, donde Ancelotti marcó el primer gol del partido. «El gol de Ancelotti fue un emblema de nuestro planteamiento. Estábamos hambrientos de títulos y decididos a ganar», recordó el centrocampista Roberto Donadoni.

«Fantastique Milan AC!» fue el titular del diario L’Equipe al día siguiente con la victoria por 4-0 en la final ante el FC Steaua București en Barcelona, con dos goles de Gullit y otros dos de Van Basten.A

Una filosofía de juego diferente
Comprometido con conceptos como la «inteligencia colectiva», Sacchi pidió «once jugadores activos en todo momento del juego, tanto en defensa como en ataque». Cabe destacar que el entrenador italiano realizó partidos completos durante los entrenamientos sin un balón, diciéndoles a los jugadores donde estaría imaginariamente la pelota para que ellos pudieran responder, y posicionarse, de acuerdo a la jugada.

«La única forma de construir una plantilla es poniendo a los jugadores que pueden jugar en equipo. No puedes conseguir nada por ti mismo, y si lo haces, no durará mucho. Siempre he citado a Michelangelo, que dijo: ‘El espíritu guía a la mano'», expresó Sacchi. 

El técnico que lo hizo posible
«Nunca me había dado cuenta de que para ser jinete primero debes ser caballo», afirmó el italiano tras recibir críticas que hablaban de la gran habilidad defensiva para liderar un gran equipo como el Milan. Había forjado su camino como entrenador, uniéndose al Milan tras un periplo exitoso en el Parma FC, y estaba determinado a cambiar completamente el tradicional estilo italiano. «Muchos equipos italianos se centraban en la defensa. Todos los equipos jugaban con un líbero y con marca al hombre. En ataque, todo estaba a disposición de las habilidad individuales y la creatividad del ’10′», explicó.

Los equipos dirigidos por Sacchi jugaban con un 4-4-2 y defendían en zona, mientras que la distancia entre la defensa y el centro del campo nunca era superior a los 25 o 30 metros. La línea defensiva siempre muy adelantada y con una eficiente trampa del fuera de juego mantenían la presión sobre sus oponentes que no estaban acostumbrados a estar en apuros.

Las grandes estrellas
Franco Baresi:
 ‘Kaiser Franz’ era el líbero cuando el Milan de Nils Liedholm ganó el ‘Scudetto’ en la temporada 1978/79 y capitaneó al Milan durante los momentos más complicados antes de ponerse al frente de la línea defensiva de Sacchi, compartiendo campo con jugadores como Mauro Tassotti, Alessandro Costacurta y Paolo Maldini.

Ruud Gullit: La personificación del estilo de fútbol total de Sacchi, Gullit era una amenaza en cualquier posición. «Es un gran jugador en todos los sentidos. No tiene medio de hacer cosas con el balón. Y se ve que está disfrutando en todo momento. Según mis cálculos… eso le hace incluso mejor que Maradona», contaba George Best en 1990.

Marco van Basten: «En mi opinión sigue siendo el mejor delantero de todos los tiempos. Ningún otro delantero trabaja tan duro como lo hacía Marco en el Milan. Pero por encima de todo le recuerdo por su elegancia, su gracia y su gran habilidad», comentó Sacchi del holandés.

Qué dicen ellos…
Roberto Donadoni:
 «Sacchi inició la revolución del fútbol italiano, tanto a nivel mental como táctico. Teníamos nuestro estilo de juego e intentábamos imponernos a todos nuestros rivales, desde los equipos aficionados a los que nos enfrentábamos en los entrenamientos que teníamos a mitad de semana hasta el partido ante el Real Madrid en el Bernabéu».

Carlo Ancelotti: «Arrigo cambió completamente el fútbol italiano, su filosofía, el método de entrenamiento, la intensidad y las tácticas. Los equipos italianos estaban acostumbrados a centrarse en la defensa, nosotros defendíamos atacando y presionado».

Xavi Hernández, el ex centrocampista del FC Barcelona en 2012: «Estamos muy orgullosos de que se nos compare con el Milan de Sacchi. Ese fue un equipo que hizo historia en el mundo del fútbol».

Raúl Gonzalez Blanco

Jugador español de fútbol

  • Debut: 29 de octubre de 1994 (Real Madrid C. F.)
  • Retirada: 15 de noviembre de 2015 (New York Cosmos)
  • Posición: Delantero
  • Dorsal: 7
  • Padres: Pedro González y María Luisa Blanco
  • Cónyuge: Mamen Sanz
  • Hijos: Jorge, María, Hugo, Mateo, Hector
  • Nombre: Raúl González Blanco
  • Altura: 1,80 m

Nació el 27 de junio de 1977 en Madrid.

Hijo de Pedro González y María Luisa Blanco.

Sus comienzos en el fútbol fueron en el equipo de San Cristóbal de Los Ángeles hasta que fue fichado por el Atlético de Madrid a la edad de trece años.


Debutó con el equipo infantil y consiguió 65 goles jugando como interior izquierdo. En la temporada siguiente, se consiguieron unos resultados muy similares, pero cerca del final de temporada, el presidente del club, Jesús Gil y Gil, eliminó las divisiones inferiores del club.

De esta manera, el Real Madrid, se interesa por él ofreciéndole un contrato de seis años.

Permaneció un año en el equipo cadete; al año siguiente comenzó a jugar en el juvenil B en el que permaneció tan solo dos jornadas, pasando al juvenil A, aunque tampoco terminó en este equipo la temporada ya que pasó al sub-19. Más adelante se incorporó al tercer equipo del Real Madrid. En este, consiguió en sus primeros siete partidos 13 tantos. Jorge Valdano, le otorgó la oportunidad de debutar el 29 de octubre de 1994 frente al Zaragoza, en Primera División. Tan solo tenía 17 años siendo el jugador más joven en vestir la camiseta a lo largo de la historia del club blanco.

Esta temporada fue bastante completa para Raúl ya que el Real Madrid conquistó el título de Liga y él consiguió nueve goles. Una de las mejores temporadas para el jugador fue la de 1996-1997, el Real Madrid consiguió una nueva Liga (en la que marcó 21 goles) y debutó con la selección española el 9 de octubre de 1996 en Praga ante la República Checa (0-0). Aunque le costó bastante llegar a la selección: tuvo su primera experiencia con el equipo sub-18, continuó su trayectoria en el sub-20 y sub-21.


Viajó a Qatar para asistir al Mundial juvenil, consiguiendo España la cuarta plaza. Aunque Javier Clemente, seleccionador español en ese momento, decidió no convocarle para jugar en la Eurocopa absoluta de 1996, ya que creyó oportuno reservarlo para los Juegos Olímpicos de Atlanta.

El día 15 de junio de 2000, renovó su contrato con el Real Madrid hasta el año 2005 con una cláusula de rescisión de 30.000 millones de pesetas. Participó activamente en la consecución de la liga de la temporada 06/07 marcando goles decisivos. Confirmó su mejoría en la temporada 2007-08 logrando 23 goles. Firmó en el año 2008, un contrato vitalicio con el Real Madrid que amplía el que ya le unía al club hasta 2011 y que le permitirá renovar su lazo con el club, temporada a temporada.

En el mes de julio de 2010, se rumoreó la marcha del futbolista al Schalke. El 26 de julio hizo oficial su marcha del Real Madrid y, finalmente, su fichaje por el equipo alemán. El 19 de abril de 2012 anuncia su despedida del Schalke y de la Bundesliga. El 13 de mayo de 2012 se anuncia su fichaje por el Al-Sadd y el 13 de Abril de 2013, se proclama campeón de la Liga de Catar en su primera temporada. El 9 de diciembre de 2014 fue presentado como jugador del New York Cosmos para las siguientes dos temporadas.

En 1999 contrajo matrimonio con la modelo Mamen Sanz, a quien dedicó todos los goles que marcó besando la alianza de matrimonio. Su primer hijo, Jorge, nació el 25 de febrero de 2000.

El 22 de agosto de 2013, Raúl González recibió un homenaje en el estadio del Real Madrid. El máximo goleador de la historia del club jugó una parte con cada equipo, una con el Real Madrid y otra con el Al Sadd. Volvió a vestir la camiseta blanca con su 7 de siempre, cedido por Cristiano Ronaldo. El estadio al completo ovacionó al mítico capitán del Real Madrid, equipo que se llevó el Trofeo Santiago Bernabéu tras vencer al Al- Sadd catarí por 5-0.

Clubes

Real Madrid C
1994/95

Real Madrid B
1994/95 

Real Madrid
1994/2010

Schalke 04
2010/2012

Al-Sadd
2012/2014

New York Cosmos
2015

Palmarés

Liga española — Real Madrid — 1995
Liga española — Real Madrid — 1997
Supercopa de — Real Madrid — 1997
Liga española — Real Madrid — 2001
Supercopa de — Real Madrid — 2001
Liga española — Real Madrid — 2003
Supercopa de — Real Madrid — 2003
Liga española — Real Madrid — 2007
Liga española — Real Madrid — 2008
Supercopa de — Real Madrid — 2008
Copa de Alemania — Schalke 04 — 2011
Supercopa de Alemania — Schalke 04 — 2011
Liga de Catar — Al-Sadd — 2013
Copa del Emir — Al-Sadd — 2014
Spring Season — New York Cosmos — 2015
Woosnam Cup — New York Cosmos — 2015
Soccer Bowl — New York Cosmos — 2015 

Copas internacionales

Medalla de Plata Eurocopa Sub-21 — Selección española — 1996
Liga de Campeones de la UEFA — Real Madrid — 1998
Copa Intercontinental — Real Madrid — 1998
Liga de Campeones de la UEFA — Real Madrid — 2000
Liga de Campeones de la UEFA — Real Madrid — 2002
Supercopa de Europa — Real Madrid — 2002
Copa Intercontinental — Real Madrid — 2002

El Budapest Honved de Puskas y los Mágicos Magyares

Hoy en día el término de «fútbol total» se acuña a aquellos equipos que practican un juego ofensivo donde el gusto por las combinaciones rápidas y la constante movilidad de los futbolitas son pilares fundamentales en su manera de entender el desarrollo del juego. Sin embargo, pocos o casi ninguno conocen el origen de esta filosofía. Para encontrar el germen de esta atractiva propuesta hay que remontarse a la década de los 50, donde Hungría se convirtió en el epicentro del seísmo futbolístico.

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Zoltan Czibor a su llegada al Honved

Si bien la intención de este serial es repasar aquellos equipos que pasaron a la historia a nivel de clubes, en esta ocasión resulta imprescindible unir la leyenda de aquel mágico Budapest Honved a la de la selección húngara de los años 50. Los éxitos de uno fueron la consecuencia del otro y, a grandes rasgos, los protagonistas fueron los mismos.

A nivel regional, el camino hacia la leyenda arrancó en 1949. En ese momento, el hasta entonces conocido como Kispest de Budapest pasó a llamarse Budapest Honved cuando el ministerio húngaro de defensa tomó el control del club. Varios jugadores obtuvieron la graduación militar y el gobierno se encargó de recopilar a las máximas figuras el país en torno a un mismo escudo. Futbolistas como GrosicsBudaiCziborLorant Kocsis acudieron a la llamada de un equipo donde la figura de Ferenc Puskas comenzaba a emerger.

El resultado no se hizo esperar y el club ganó el campeonato doméstico en cinco ocasiones del 50 al 56, con Puskas proclamándose máximo goleador del torneo hasta en tres ocasiones. Sólo la ausencia de torneos internacionales impidió que el Honved extendiera su hegemonía al resto de Europa. Más adelante llegaría la oportunidad, pero ése sería el principio del fin.

El oro de Helsinki
Al mismo tiempo que el Honved conquistaba Hungría, el combinado nacional hacía lo propio a escala internacional. La primera gesta importante llegó en los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952. El equipo dirigido por Gusztav Sebes se paseó hasta la final, donde los goles de Puskas y Czibor acabaron con la correosa Yugoslavia.

Con el oro al cuello llegó la confirmación de una etapa dorada en la que mucho tuvo que ver el mencionado Gusztav Sebes. Socialista convencido y viceministro de deportes en su país, la idea de ver que todos los jugadores tenían el mismo peso en el equipo con la solidaridad y el compromiso como elementos primordiales encajaba perfectamente en su ideología. Esclarecedoras resultaron las declaraciones de Gyula Grosics, el portero de aquella época: «Sebes estaba muy comprometido con la ideología socialista, y eso se podía palpar en todo lo que decía. De cada partido o competición importante hacía una cuestión política«.

Un «fútbol socialista», como bautizó el propio Sebes, que quedaría grabado en la memoría de los ingleses para siempre. Aquel 26 de noviembre de 1953 Wembley asistió a una de las mayores exhibiciones futbolísticas de la historia. Inglaterra, que nunca había caído en casa ante una selección que no fuera de las Islas, sucumbió ante el impresionante despliegue ofensivo del «Equipo de Oro».

La Hungría de Sebes vapuleó a la mítica Inglaterra capitaneada por Billy Wright (3-6). El sistema a modo de W (dos mediocentros y dos extremos para acompañar al punta) con la variante en forma de M (el punta retrasaba su posición a modo de enganche) volvió loco a los ingleses, con el genial Nandor Hidegkuti como gran protagonista. Sin embargo, un gol sería especialmente recordado: uno de los dos de Puskas en el que se deshizo de Wright de manera magistral.

Un cronista del «The Times» reflejó el sentir general con una frase curiosa: «Wright se fue hacia él como un camión de bomberos que se dirige al incendio equivocado«. Circula, además, el mito de que algún jugador inglés al ver a Puskas antes del partido afirmó: «Mirad a ese gordinflón. A éstos nos los cargamos«. Pero la conclusión es que los Mágicos Magyares arrollaron a Inglaterra ante 100.000 testigos. Fue, como bien describiría el legendario Tom Finney poco después, un enfrentamiento entre «caballos de carrera contra caballos de tiro«. Choque que se repetiría poco después en Hungría, con resultado similar (7-1).

Vista la trayectoria no era de extrañar que Hungría acudiera al Mundial de 1954 en Suiza como máxima favorita. Como ocurriera en los Juegos Olímpicos, el combinado húngaro se paseó hasta llegar a cuartos de final, donde esperaba la temible Brasil. El resultado fue un partido de los más violentos que se recuerdan en la historia del fútbol con tres expulsiones y tángana posterior en los vestuarios. Eso sí, Hungría pasó a semifinales.

Allí, la «Cabeza de Oro» fue suficiente para superar a Uruguay. «Cuando tenga una larga barba blanca, seguiré hablando de Kocsis, el hombre que apuntilló a Uruguay gracias a su juego de cabeza único en el mundo«. Eran palabras de Roque Maspuli, el portero uruguayo en aquella semifinal. Kocsis, por cierto, acabaría siendo el máximo goleador del Mundial con once dianas. En la final, contra todo pronóstico, Alemania remontaría un 2-0 en los diez primeros minutos para dar lugar a lo que hoy se conoce como «El Milagro de Berna». Fue, como apuntó Gusztav Sebes, una «cuestión de suerte».

La única derrota tras 32 partidos invictos. Tras la enorme decepción, Hungría y a menor escala el Honved continuaron su camino triunfal hasta que la política saltó al terreno de juego. En 1956, cuando el Honved estaba en Bilbao para disputar un partido de la Copa de Campeones de Europa, estalló la revolución en Budapest. Jugadores como Czibor, Kocsis o Puskas no regresarían a su país y esto supondría el fin para aquel «Equipo de Oro». El espectáculo de magia húngara se escondería, para siempre, tras el escenario.

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Romario

(Romario da Souza Faria; Río de Janeiro, 1966) Futbolista brasileño, uno de los mejores delanteros que ha dado el prolífico fútbol carioca. Tras un largo periplo por el fútbol europeo, regresó a su país para jugar en varios equipos de renombre y, a los cuarenta y un años de edad, alcanzó en 2007 la mágica cifra de mil goles, marca que hasta entonces ostentaba en solitario el legendario Pelé.

Nacido en un barrio de favelas de Río, su padre, aficionado al fútbol, fue además su primer entrenador en el equipo de barrio en el que Romario se formó desde los cuatro hasta los trece años. En 1981 fichó por el Vasco da Gama, donde jugó como aficionado hasta 1985, tras haber puesto ya de manifiesto su capacidad goleadora.


Romario

Bajo de estatura (no llega a 1,70 m) y de complexión discreta, suplió esas carencias con una habilidad, imaginación y fantasía singulares para un delantero centro. Su creatividad y flexibilidad en el área le valieron varios epítetos, pero él se quedó con la explícita definición del inefable Jorge Valdano: “Es un jugador de dibujos animados”. Hoy en día quizás hubiera dicho: “de la Play Station”. Poco trabajador, mujeriego y amante de la noche, parecía destinado a una carrera corta. Pero su capacidad para recuperarse hizo el resto, convirtiéndose en uno de los futbolistas más longevos que se marcó el reto de no retirarse hasta alcanzar la mágica cifra de los mil goles, que ostentaba en solitario Pelé. Cuando hizo pública su intención, muchos sonrieron por lo bajo.

En febrero de 1985 hizo su debut con el primer equipo y se convirtió en profesional. Era un goleador nato, por lo que en la temporada 1985-1986 dio el salto a Europa, en el PSV Eindhoven, con el que ganó tres Ligas y marcó 165 goles en 157 partidos. En 1992 su proyección internacional dio un salto cualitativo al fichar por el Futbol Club Barcelona, con el que en la temporada 1993-1994 ganó la Liga, consiguiendo el Pichichi con los 30 goles prometidos. Aquel año, además, se proclamó campeón del mundo y fue elegido por la FIFA el mejor jugador del torneo.

Su estancia en Barcelona duró sólo hasta 1996, año en que regresó a Brasil para jugar con el Flamengo. Regresó a España para jugar efímeramente con el Valencia Club de Fútbol, en el que apenas fue titular debido a su agresividad y vida disoluta. Por ello, tras ganar en 1997 su segunda Copa América, regresó al Flamengo, en el que sólo jugó la temporada 1998-1999. Aun así, en sus dos estancias en este equipo ganó dos campeonatos estatales, otras tantas Copas Guanbara y una Copa Mercosur, con una marca de 204 goles del Baixinho, como es conocido por sus compañeros y por la prensa especializada.

Por aquel entonces, aquel jugador tímido y reservado fuera del campo se sumió en una grave depresión, que sólo superó al regresar a “su” Vasco da Gama, en el que jugó la temporada 2000-2001, anunciando por enésima vez su retirada. Sin embargo, a finales de 2001 aceptó jugar algunos partidos con el Fluminense, que le ofreció una suma suculenta. Disputó empero 77 partidos y marcó 84 goles, pero sus habituales indisciplinas y su enfrentamiento con el entrenador, Alexandre Gama, propiciaron su despido el 20 de octubre de 2004. Anunció de nuevo que colgaba las botas. Sin embargo, abandonó el equipo escuchando las sirenas de las descomunales fichas que ofrecían los jeques árabes. Por ello en 2003 disputó varios partidos con el Al Saad de Qatar.

A su regreso, él mismo organizó un partido de homenaje a su persona que se disputó en el Coliseum de Los Ángeles, donde un equipo de veteranos brasileños se enfrentó a México, al que derrotó por 2-1. Parecía que a la tercera iba la vencida. Pero en 2005, a los treinta y nueve años de edad, el ave fénix volvió a resucitar de sus cenizas: regresó de nuevo al Vasco da Gama, con el que jugó la temporada 2005-2006. A pesar de su baja forma, se proclamó máximo goleador del campeonato, con 22 tantos. No había perdido su olfato goleador. Se había retirado de la selección el 28 de abril de 2005, después de ganar por 3-0 a Guatemala en São Paulo. En los 85 partidos jugados representando a su país, había marcado 71 goles.

Polémico por su dolce vita y por su ausencia de algunos entrenamientos, Romario siempre estaba en primer plano. Siempre hacía las cosas y los negocios sin consultar. De ahí los juicios en que se ha visto envuelto, como cuando en abril de 1995 tuvo que pagar una indemnización de 22.200 dólares a Arthur Antunes Coimbra, Zico, por haber utilizado su imagen en las puertas de los sanitarios de un bar que el Pichulín, como también es conocido, había abierto en Río.

Con una familia numerosa y su ancestral megalomanía, siempre necesitaba dinero. Por ello, en marzo de 2006 firmó un acuerdo con el Miami, equipo de aficionados de Estados Unidos, para jugar unos cuantos partidos. Una vez cobrado su cheque, a mediados de aquel mismo año firmó un acuerdo con el Adelaida United australiano para jugar cuatro partidos, por los que cobró 350.000 dólares.

El Vasco da Gama había firmado un acuerdo con el jugador para que terminara su carrera en el equipo de su vida. Fue entonces cuando Romario se fijó el reto de alcanzar los 1.000 goles. Su deseo era marcar el mítico gol mil en Maracaná, pero fracasó por dos veces. Finalmente, el 20 de mayo de 2007 consiguió la cifra en un partido contra el Sport Club de Recife, de penalti, igual que Pelé. Después, marcaría otros dos goles. Pelé celebró la gesta y felicitó a Romario, pero le advirtió: “Yo marqué 1.282 goles”.


En el partido del gol número 1000

Algunos medios pusieron en entredicho la cifra, incluso la FIFA, por lo que Romario presentó la correspondiente certificación de los clubes en los que había jugado: 324 goles con el Vasco da Gama; 204 con el Flamengo; 165 con el PSV Eindhoven; 53 con el Futbol Club Barcelona; 43 con el Fluminense; 22 con el Miami; 14 con el Valencia Club de Fútbol, 1 con el Adelaida, y 85 con la selección, además de los marcados en equipos de base y en partidos amistosos. Mil goles en 1.260 partidos, lo que daba un promedio de 0,8 goles por encuentro. Había cumplido su sueño y, ahora sí, no quería arrastrase más por los campos, pues en esos últimos partidos casi no se movió del área, esperando los pases de sus compañeros.

Pero Romario no será recordado sólo por esta gesta, sino por la bella factura de sus goles y por los premios que ha recibido a título individual: mejor jugador del mundo por la FIFA (1994); mejor jugador del Mundial de ese mismo año en Estados Unidos; mejor futbolista sudamericano (2000); máximo goleador de la Liga neerlandesa en tres temporadas y una en la española. Con Brasil, sobresalen su título mundial, sus dos copas América (1989 y 1997) y una Copa Confederaciones (1997).

Cuando ya daba por terminada su relación con el fútbol, el 3 de julio de 2007 aceptó integrarse (por deseo expreso de Michel Platini) en la Comisión Técnica de Desarrollo de la FIFA, encargada de analizar con visión técnica los eventos organizados por la máxima entidad futbolística, presidida aquel mismo año por el ex jugador francés. Y en octubre aceptaba también el cargo de entrenador del equipo de su vida, el Vasco da Gama.

Ello no le impediría dedicarse con mayor ahínco a la importante empresa de energía eléctrica de la que era uno de los principales accionistas, y le permitiría seguir con sus caprichos, como grabar algún disco o vestir pantalones vaqueros carísismos. Con cuarenta y un años y seis hijos con cuatro mujeres diferentes, la niña de sus ojos es la más pequeña, que tiene síndrome de Down. A ella dedica su mayor afecto, porque dice que así se siente feliz. Hasta hizo un llamamiento público para que los padres en idéntica situación se sientan orgullosos de sus hijos discapacitados.